Cómo te hablas cambia tu cuerpo: la neurociencia detrás del amor propio.

Por: M.Sc. María Inés Elgueta®️

Hay días en los que no pasa nada “grave”, pero aun así te sientes cansada, irritable o desconectada de ti. Días en los que cumples con todo, pero por dentro algo se siente duro, exigente, poco amable. Muchas veces no es lo que te falta afuera, sino cómo te estás hablando por dentro. Esa voz interna —silenciosa, constante— puede convertirse en tu mayor sostén o en la fuente de un desgaste profundo. En Protocol creemos que el bienestar comienza ahí: en aprender a escucharte, cuidarte y tratarte con el mismo respeto con el que tratas a quienes amas.

Febrero, tradicionalmente asociado al Día del Amor y la Amistad, suele enfocarse en el vínculo con otros. Sin embargo, desde la psicología y las neurociencias, hoy sabemos que la relación más determinante para nuestra salud mental, emocional e incluso física es la que tenemos con nosotros mismos. El amor propio no es un concepto abstracto ni una moda: es un proceso neuropsicológico que influye directamente en nuestro bienestar integral.

Amor propio y autoestima: más que “pensar bonito”

La autoestima se construye a partir de experiencias tempranas, aprendizajes emocionales y la forma en que nuestro cerebro interpreta el valor personal. A nivel cerebral, está estrechamente relacionada con circuitos de recompensa (dopamina), regulación emocional (corteza prefrontal) y percepción de amenaza (amígdala).

Cuando una persona tiene una autoestima frágil, su cerebro tiende a interpretar el error como peligro y el rechazo como una amenaza real, activando respuestas de estrés crónico. En cambio, una autoestima sana no implica sentirse superior, sino reconocerse valioso incluso en la imperfección. Esta percepción reduce la activación del eje del estrés (HPA) y favorece estados internos de mayor equilibrio.

El diálogo interno: la voz que moldea tu cerebro

El diálogo interno es esa conversación constante que mantenemos con nosotros mismos. Desde la neurociencia, sabemos que el cerebro no distingue claramente entre una crítica externa y una interna: ambas activan redes similares de dolor emocional.

Frases como “no soy suficiente”, “siempre fallo” o “debería poder con todo” refuerzan conexiones neuronales asociadas a la autocrítica y la ansiedad. Por el contrario, un diálogo interno más compasivo y realista fortalece la autorregulación emocional y la resiliencia.

Modificar el diálogo interno no es negar la realidad, sino aprender a hablarnos con la misma empatía con la que trataríamos a alguien que amamos. Cada pensamiento repetido es, literalmente, una instrucción para el cerebro.

Autocuidado: una necesidad biológica, no un lujo

Desde una mirada integral, el autocuidado no es solo descanso o momentos placenteros; es una forma de prevención neurobiológica. Dormir bien, alimentarnos adecuadamente, mover el cuerpo y reducir el estrés impacta directamente en la inflamación, la salud cerebral y la regulación hormonal.

En este punto, el bienestar físico y mental se encuentran. Nutrientes clave —como proteínas de calidad, aminoácidos y colágeno— contribuyen a la salud de tejidos, articulaciones, piel y también al equilibrio del sistema nervioso. Marcas como Protocol, alineadas a una filosofía de cuidado integral, entienden que el cuerpo es el primer hogar de la mente.

Cuidarse no es egoísmo: es una forma de responsabilidad emocional y fisiológica.

Autocompasión: el antídoto contra la autoexigencia

La autocompasión, estudiada ampliamente en psicología clínica, implica tres elementos: amabilidad hacia uno mismo, reconocimiento de la humanidad compartida y atención consciente (mindfulness). Lejos de debilitarnos, la autocompasión reduce la ansiedad, la depresión y el perfeccionismo disfuncional.

A nivel cerebral, practicar autocompasión activa áreas asociadas al cuidado y la seguridad, disminuyendo la respuesta de amenaza. Es decir, cuando dejamos de atacarnos internamente, el cerebro sale del “modo supervivencia” y puede enfocarse en crecer, sanar y conectar.

Amar(se) también es salud

En este mes del Amor y la Amistad, vale la pena recordar que el amor propio no se demuestra con frases motivacionales, sino con acciones cotidianas: cómo te hablas, cómo te cuidas, cómo te acompañas en el error y cómo respetas tus límites.

El bienestar integral comienza cuando entendemos que mente y cuerpo no están separados. Cuidarte, nutrirte y tratarte con respeto no es un premio: es una necesidad biológica y emocional. Y desde ahí, el amor hacia otros fluye con mayor autenticidad.

Este espacio nace para acompañarte en ese proceso. Para compartir información con base científica, sí, pero sobre todo para abrir conversaciones honestas sobre autocuidado, amor propio y bienestar real. Si este artículo resonó contigo, te invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales, donde seguimos explorando la conexión entre mente y cuerpo de forma cercana y consciente. Y si te quedaron dudas, reflexiones o preguntas, déjanos un comentario: leemos cada mensaje y creemos profundamente en el poder de construir bienestar en comunidad.

 

Referencias bibliográficas

  • Neff, K. D. (2011). Self-Compassion: The Proven Power of Being Kind to Yourself. HarperCollins.
  • Gilbert, P. (2009). The Compassionate Mind. Constable & Robinson.
  • Beck, J. S. (2011). Cognitive Behavior Therapy: Basics and Beyond. Guilford Press.
  • Sapolsky, R. (2004). Why Zebras Don’t Get Ulcers. Holt Paperbacks.
  • Siegel, D. J. (2020). The Developing Mind. Guilford Press.
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